Traslado Ciudad

Al valle de la Ermita

 

Catedral

 

Cuando llegó a la corte española la noticia de la catástrofe que había asolado gran parte de Guatemala, y en especial su bella capital, la ciudad de Santiago, el general Sabatini, Director de las Reales Obras encomendó al ingeniero Díez de Navarro el levantamiento de los planos para edificar una nueva capital, a la que se pudieran trasladar las autoridades y vecinos en su totalidad. Díez de Navarro presentó sus planos el 1 de marzo de 1776, remitiéndolos al Ministerio de Indias, donde el General Sabatini los consideró inapropiados, poniéndoles una serie de objeciones, entre las que figuraba el poco espacio de la Plaza Mayor donde se alzarían los principales edificios públicos y la Catedral Metropolitana, por lo que rechazó el citado proyecto y presentó petición de nuevos planos, que fueran hechos por un arquitecto adecuado que fuera hombre de ciencia, conciencia y experiencia en quien se pudiese confiar la mejor disposición de la Nueva Guatemala.

Entre tanto, en Santiago de Guatemala muchos vecinos empezaron a alojarse en las propiedades que tenían en los cercanos pueblos de Alotenango, Dueñas y San Juan del Obispo, con la esperanza de que pronto podrían regresar a la destruida ciudad. Los vecinos de Santiago de Guatemala, en su mayoría, figurando como líder de la oposición terronista el Arzobispo Cortés y Larraz, tenían frecuentes reuniones públicas en que manifestaban su descontento por la decisión de trasladar la ciudad. Entraron en franca oposición al traslado, pues sus casas no habían quedado tan maltrechas que no pudieran ser reparadas y con lógica calculaban que serían menores los gastos de reparación que tener que hacer casas totalmente nuevas. Comenzaron sus juntas en la plaza; luego desde octubre de 1773 hasta enero de 1774, se reunieron en la Sala Capitular de la Catedral, que como obreros sin paga y sin contrato, habían logrado parcialmente reparar; sin embargo, los nuevos temblores obligaron al Arzobispo a abandonar el Palacio Arzobispal retirándose al sitio llamado de La Chácara, a donde llegó el 18 de julio de 1774.

El Arzobispo se negaba a trasladarse al nuevo establecimiento del Valle de la Ermita, donde era público y notorio que además de las penalidades de un lugar donde todo escaseaba, se había enseñoreado la peste del tifus que, en menos de dos meses, llevó a la muerte a más de 14 vecinos, a pesar de los esfuerzos de higiene y salubridad que trató de imponer el Capitán General Don Martín de Mayorga y su junta de sanidad. Entre alborotos, enfermedades, protestas y órdenes terminantes de las autoridades civiles, finalizó 1774 y pasó 1775, sin que se llevase a cabo la trasladación formal al nuevo sitio de La Ermita.

El 2 de diciembre de 1775, don Martín de Mayorga recibió plenos poderes para que efectuara el traslado de la ciudad. No obstante, ni los mismos miembros del Ayuntamiento se dieron prisa alguna por emigrar. El 24 de diciembre, Mayorga sumamente contrariado, ordenó que todos los capitulares salieran el día 29 de diciembre hacia La Ermita. El 2 de enero de 1776, se realizó el primer Cabildo en el establecimiento provisional de La Ermita, donde los Alcaldes Ordinarios por Depósito de Vara, don Manuel de Batres, don Ventura Náxera, Regidor, el Alguacil Mayor don Basilio Romá, don Juan Fermín de Aycinena, Depositario General, y otros ilustres señores, establecieron que ninguno de los individuos del Noble Ayuntamiento podrían salir del citado lugar. Nombraron dos regidores para hacerse cargo de la introducción del agua potable, y otros dos para que se encargaran del aprovisionamiento de víveres, el mercado de su venta y el sitio donde se construiría la nueva ciudad.

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