Debido a las muchas dificultades que la Iglesia católica en Guatemala tuvo que afrontar con los gobiernos liberales del siglo XIX y especialmente debido a la sustracción de tesoros de los templos de todo el país, no sólo por la expulsión de los religiosos y religiosas, por usurpación de los bienes de dichas órdenes por parte de los gobiernos y por el robo de muchas imágenes y piezas de orfebrería de altísimo valor en las últimas décadas, los diferentes arzobispos tuvieron que esconder en muchas oportunidades pinturas, esculturas, piezas de orfebrería y otros para evitar su pérdida. Ya para el episcopado de Monseñor Mariano Rosell y Arellano, se contaba en el arzobispado con un depósito, al que el arzobispo llamó “Cafarnaún”, donde se custodiaban piezas de un inmenso valor provenientes principalmente de la Catedral Metropolitana. Los siguientes arzobispos conservaron estas piezas en el Palacio Arzobispal, hasta que en el año 2002, Monseñor Rodolfo Quezada, XVIII Arzobispo de Guatemala, hoy Cardenal de la Iglesia, decide realizar un el registro completo de todos los bienes de la Catedral y el Palacio Arzobispal, y en especial de la Sala Cafarnaum, con la ayuda del departamento de Registro del I.D.A.E.H.
Surge, entonces, el deseo por realizar un museo en el que, a la vez que se preserven estos tesoros, puedan ser compartidos con todos los guatemaltecos y guatemaltecas. Para ello se contó con la coordinación de la Lic. Ana María Urruela de Quezada, editora del Libro “El Tesoro de la Catedral” e impulsora del proyecto del Museo, así como con la colaboración económica del Banco Industrial. El Museo abrió sus puertas el día 3 de febrero del año 2005, contando con pinturas, esculturas, piezas de orfebrería, textiles y otros tesoros pertenecientes a la Iglesia católica. Algunos, originalmente estaban en la Sala Cafarnaún. Otros, en cambio, vienen de la Catedral Metropolitana, así como de otros templos, como Santa Clara y Santa Catalina, en donde se recogieron para evitar su deterioro o pérdida.

Llama la atención especialmente la imagen de San Antonio de Padua, procedente de la Iglesia de Santa Clara, la cual fue robada y posteriormente comprada por un coleccionista local y localizada en una exposición de arte en México. El Arzobispado pudo recuperarla, una entre cientos de piezas que han sido robadas de los templos católicos. El Museo, en este sentido, es una invitación a la preservación de los tesoros que la Iglesia posee, como testimonio de su amor a Dios y al prójimo, de la vida de la Iglesia en Guatemala y de su aporte a la cultura de nuestra nación. Es una ocasión también para la consolidación y la restauración de auténticos tesoros realizados por connotados artistas y artesanos guatemaltecos.
Regresar a Museo Arquideocesano de Santiago