La construcción de la nueva Catedral

Ya el año 1776, aún sin la autorización del Arzobispo, ya hay un primer plano para la Catedral, hecho por don Antonio Carbonel, sacristán mayor de la iglesia. Los miembros del Cabildo Eclesiástico ordenaron que se empezaran a reunir los materiales de construcción para la Catedral, y los canteros de El Naranjo y de Arrivillaga, iniciaran el recorte de piedra laja y que de allí se acarreara la piedra para los cimientos. Estas canteras, famosas en la antigüedad, por su magnífica calidad de piedra, estas situadas en las vecindades de la finca El Naranjo, al oriente de la capital. El 22 de octubre de 1776, se publicó el bando por el cual a la nueva capital se le daba el nombre de Nueva Guatemala de la Asunción.
MARCOS IBÁÑEZ, PRIMER ARQUITECTO DE LA CATEDRAL
Entretanto en España, el General Sabatini, después de muchas consideraciones, recomendó ante el Monarca Carlos III, para que se encargara de las construcciones de la nueva ciudad, al entusiasta arquitecto Marco Ibáñez, de unos 35 años de edad, con estudios en la Ciudad Eterna y quien estaba construyendo las ampliaciones del Palacio del Pardo. Ibáñez partió inmediatamente hacia el puerto de Cádiz, pero no fue sino hasta el mes de marzo de 1777, que logró embarcarse junto con el Delineador don Antonio Bernasconi. Cuatro meses más tarde llegó a Guatemala, tomando posesión de su cargo el 17 de julio del año citado, agregándoseles el ingeniero Joaquín de Isasi. La Real Cédula se recibió en los primeros meses de 1778. En ella se determinaba que los gastos de la construcción de la Catedral serían pagados directamente de los sobrantes del Ramo de Vacantes Mayores y Menores, adicionándoseles el 10% de los fondos de todas las cofradías aprobadas y reconocidas. En el mes de julio de 1778 se encargó al Arquitecto Marcos Ibáñez que levantara los planos formales de la Nueva Catedral Metropolitana, quien le entregó cuatro meses después al Cabildo Eclesiástico. Ellos designaron al Canónigo Juan José Batres para que se hiciera sobre el plano el modelo de madera, a escala, el cual fue ejecutado por los maestros de carpintería Javier de Gálvez y Vicente Santa Cruz, quienes lo entregaron terminado el 17 de agosto de 1778. Conocedor el Deán, de la posición que había venido haciendo el Arzobispo Cortés y Larraz, decidió por cuenta propia enviar los nuevos planos al Ayuntamiento para su aprobación, pero allí intervino el Señor Fiscal de la Real Audiencia quien objetó el excesivo costo y se ordenó a Ibáñez que elaborara otros cuyo costo no excediera de los 200,000 pesos. Los planos fueron remitidos por don Martín de Mayorga al Consejo de Indias en España.
INICIO DE LA DELINEACIÓN DE LA NUEVA CIUDAD
Marcos Ibáñez ayudado por Sebastián Gamundi, procedía a medir y numerar los lotes y manzanas de la ciudad en formación. Delinearon sucesivamente la Plaza Mayor, el predio de la Catedral y la Plazuela del Sagrario. Algunas casas habían sido concluidas entre ellas la del propio arquitecto de la ciudad, que la estrenó el 15 de enero de 1779. Allí habilitó una habitación para trabajar en el diseño y dibujo de los planos adicionales de la Catedral Metropolitana y otros edificios públicos que circundarían la Plaza Mayor de la Ciudad Nueva. El 7 de octubre hizo su entrada en la capital, sin ninguna pompa, el nuevo Arzobispo Cayetano Francos y Monroy. Le recibió una pobre banda de música dirigida por el maestro José Silvestre Saso, al que por su trabajo le fue pagado nueve pesos en los que se incluía también el pago de sus músicos. Ese mismo día el Arzobispo Francos y Monroy tomaron posesión de la Mitra, en medio de la frialdad de un pueblo dividido por rencores estériles sobre el traslado forzoso que unos aprobaban, mientras otros maldecían. El nuevo Arzobispo se veía envuelto en un torbellino del cual ya no podía salir.

SE APRUEBAN LOS PLANOS DE LA CATEDRAL DE LA CIUDAD NUEVA
Los planos de la Catedral fueron aprobados por Real Cédula del 6 de noviembre de 1779, llegando a Guatemala en febrero de 1780. Tan pronto fueron recibidos, Francos y Monroy preguntó al maestro mayor de obras de la Catedral, Bernardo Ramírez, si los planos permitían que cubriéndose de madera se pudiera abovedar en cualquier momento. El 14 de marzo de 1780 respondió Ramírez que sí era posible. El Arzobispo se pronunció por la cubierta de madera y así se mandaron a hacer nuevos planos a Ibáñez. Protestó éste, diciendo que los por él hechos, los había formado según las reglas del arte, sin olvidar las condiciones del país, y adaptándose a los presentados por la Catedral al Supremo Gobierno. Ibáñez hizo notar que por experiencia consideraba que sería mejor que tuviera sesenta varas (de ancho) porque en mayor superficie tienen menos potencia los temblores. Matías de Gálvez, en un abuso de autoridad denigrante para el Arquitecto Ibáñez, hizo revisar los planos al dictamen del maestro albañil José Arroyo, y del maestro carpintero Juan de Dios Vásquez. Sin embargo, Ibáñez, a pesar del vejamen sufrido, movido más que por el amor a su trabajo, por la necesidad económica, terminó aceptando los cambios, y así el 24 de abril de 1780 entregó los planos ya reformados con el dibujo en planta, tanto de la Catedral como de las oficinas y habitaciones de los empleados del Curato. También en esa fecha entregó un dibujo de la fachada principal que ve al poniente, donde se aprecian dos torres con dos niveles cubiertos por bóvedas rematadas por una cruz cada una. Estos planos fueron definitivamente aprobados por Auto del 20 de octubre de 1781 y por orden del Superior Gobierno, se mandó que la fábrica del templo Catedral, se erigiese conforme a ellos. El 16 de febrero de 1782, se envió copia de lo actuado al Rey de España.
PRIMERA CATEDRAL PROVISIONAL EN LA NUEVA CIUDAD
El 22 de noviembre de 1779, el Arzobispo Francos y Monroy formalizó el culto cristiano en la Nueva Ciudad. En sencilla ceremonia bendijo un templo provisional que habían mandado a construir al oriente de la futura Catedral. En este lugar fue construido más tarde el Mercado Central que fue demolido después del 4 de febrero de 1976. La Catedral provisional se comenzó a construir por órdenes del Deán González Batres y de los Canónigos del Cabildo, contando inicialmente con el apoyo económico de don Martín de Mayorga. La obra se inició el 27 de septiembre de 1778 y se concluyó el 9 de octubre de 1179 a un costo de 12,575 pesos.
TRABAJOS PRELIMINARES DE LAS CONSTRUCCIONES DE LA CATEDRAL
El 30 de enero de 1780, se iniciaron los trabajos del Sagrario Provisional, sede Parroquial de la Nueva Guatemala de la Asunción, contando para hacer dicha obra, con la aprobación del Maestro Mayor de obras de la Catedral, don Bernardo Ramírez. El maestro Manuel Canadá y el Supervisor Canónigo Comisionado Ignacio Fernández Álvarez, dieron comienzo con gran entusiasmo a los trabajos que concluyeron el 26 de junio de ese mismo año, con el descubrimiento del templo de La Chácara, donde había estado el Arzobispo Cortés y Larraz, trasladando al nuevo asentamiento de la ciudad todos los retablos, rejas, ventanas y vidrios. Trabajaron en esta obra 16 albañiles, de los cuales 3 eran de La Ermita, 8 de Jocotenango y 4 voluntarios de Jalapa. Al leer las planillas originales se ve que la primera compra que se hizo para esta construcción fue 50 carretas de arena, 8 carretas de piedra y 20 cargas de piedra losa para hacer las gradas. La carretada de arena valía u peso y la de piedra 4 reales o sea medio peso. Los indios de San Lucas que se emplearon para el transporte, trajeron cargadas en hombros 6 columnas, dos cornisas y dos bancas con el retablo de Santa Ana de su iglesia parroquial. El retablo de San Lucas fue seleccionado en 20 cuartones haciéndose el transporte con mulas. Vino como arriero el indio principal Francisco Chirín, quien ordenó que como medida de precaución contra los daños que podían ocasionar las lluvias en el camino, el dorado de los retablos, éstos se cubrieran con nueve pieles de res. A finales de febrero de 1781, llegó la noticia de la Subsanación en Raíz de los problemas suscitados en el Arzobispado, con el consiguiente alivio de las tensiones existentes. Francos y Monroy ordenó que se iniciaran los trabajos previos a la construcción de la Catedral Metropolitana. En febrero de 1781 comenzaron los trabajos de nivelación del terreno cerca del centro de la plaza mayor, el sitio donde se yergue severa la Catedral era sinuoso y con objeto de nivelarlo llevaron de la Plazuela de Remedios, cantidades de talpetate y arena para el relleno del pavimento en varios lugares. De acuerdo con el Cabildo Eclesiástico, el Arzobispo Francos y Monroy, dispuso que se colocaría la primera piedra el 25 de julio de 1782, día del Patrono de la Iglesia de Guatemala, calculando que ya para entonces habría llegado las Bulas correspondientes y el Breve Sanatorio habría pasado los largos trámites legales.
CONSTRUCCIÓN DE LOS DRENAJES Y ATARJEAS DE LA CATEDRAL
Terminados los trabajos de nivelación y demás preparativos de almacenaje de materiales, el Cabildo Eclesiástico ordenó se iniciaran por Ibáñez los trabajos del alcantarillado y atarjeas de la futura Catedral. Este trabajo fue de grandes proporciones y lo prolongaron en varias direcciones para entroncar sus túneles con otros desagües. Su sólida construcción hecha al estilo y usanza de los drenajes de las grandes ciudades de Europa, dio origen, más tarde, a las leyendas de que la Catedral esta comunicada con otros templos de la ciudad. Efectivamente los magníficos pasajes de ladrillo, con una luz suficientemente amplia, les hace aparecer como pasillos subterráneos. El 13 de agosto de 1783, dieron comienzo los trabajos de los cimientos para las criptas, paredes y columnas de la Catedral; pero fueron tales las dificultades para dar comienzo a la obra, especialmente por las diferencias de criterio que sustentaba el Deán con los Canónigos y éstos con el Arzobispo, que Ibáñez vio seriamente quebrantada su salud. También se agregaban las presiones económicas, pues ni el gobierno, ni la iglesia, le pagaban sus sueldos.
EL DELINEADOR DON ANTONIO BERNASCONI PROSIGUE LOS TRABAJOS
No pudiendo soportar más a tanto consejero gratuito, que aunque eran autoridades en el eclesiástico, muy poco sabían de arquitectura, Ibáñez se vio obligado a renunciar en el mes de octubre de 1783, dejando en su lugar a su amigo el Delineador Antonio Bernasconi. El nuevo constructor prosiguió los trabajos con toda dedicación durante dos años, En octubre de 1785 fue avisado en horas de la madrugada que la intensa lluvia que azotaba la ciudad esta inundando las obras de la Catedral; precipitadamente salió de su casa, sin mayor abrigo, logró solucionar el problema debido a la acumulación de basuras en la entrada de los desagües, pero regresó a su hogar con un fuerte resfrío. Bernasconi agravase rápidamente, el médico declaró que tenía pulmonía y ésta fue tan fulminante que una semana más tarde falleció.
NUEVO CONSTRUCTOR DE LA CATEDRAL, SEBASTIÁN GAMUNDI
Ante la desgracia muerte de Bernasconi, el canónigo Ignacio Fernández, elevó a la Real Audiencia una petición para que se nombrara nuevo encargado de las obras de la Catedral, proponiendo para el cargo al maestro albañil José arroyo, lo que lógicamente fue adversado por el Fiscal, catalogándolo como un disparate, dado que carecía de los conocimientos elementales de la arquitectura. Después de varias proposiciones fue nombrado como sucesor de Bernasconi, don Sebastián Gamundi, quien durante tres años adelantó la construcción, sacándola de las partes más difíciles, Se terminó el abovedado de las criptas, los cimientos de las columnas que sostendrían las tres naves y se iniciaron paredes y contrafuertes. Lamentablemente, a principios del año 1788, Sebastián Gamundi tuvo un gravísimo accidente al caer desde lo alto de un andamio. Las fracturas y golpes que sufrió, en poco tiempo le ocasionaron la muerte, por lo que nuevamente el templo quedó desprovisto de constructor.
EL INGENIERO JOSÉ DE SIERRA PROSIGUE LA CONSTRUCCIÓN
El Venerable Cabildo Eclesiástico solicitó a la Real Audiencia de Guatemala, el nombramiento de un nuevo Arquitecto, petición que hizo suya el brigadier don José de Estachería para presentarla ante el Virrey de la Nueva España. El Virrey respondió enviando unos planos formados por el ingeniero Extraordinario José Sierra, en los que dicho constructor demostraba sus conocimientos en arquitectura. Por razones de economía, recomendó que se le diese el trabajo, como en efecto así se hizo. El 1 de mayo de 1788, a pedido del Señor Fiscal de la Audiencia, el ingeniero Sierra inició un reconocimiento de lo construido en la Catedral, informe que remitió al Real Palacio el 26 de agosto de ese mismo año. En vista de que el templo de Santa Rosa había quedado concluido el 7 de junio de 1789, el Arzobispo Cayetano Francos y Monroy, decretó el traslado de la Sede Catedralicia a la mencionada iglesia, que vino a ser así la segunda Catedral Provisional en la nueva ciudad. Las obras de la Catedral continuaron lentamente, hasta que el 22 de julio de 1790 se hizo cargo formal de ellas, el ingeniero Sierra. En poco tiempo se descubrió la incompetencia de Sierra, la cruda realizad demostraba que por su terquedad se cometían numerosos desaciertos que él trataba de ocultar con sus aires de conquistador ante indios salvajes e ignorantes. Queriendo Sierra deslumbrar con su sabiduría a los vecinos y autoridades de la Nueva Guatemala, recomendó que en toda la ciudad se hicieran numerosos pozos y cisternas, con base a lo dicho por Plinio, que las muchas concavidades o avernas; son muy útiles y eficaces auxilios para librarse de ellos. Sierra entregó un nuevo reconocimiento de las obras en el que se observa el poco adelantamiento que hubo en la construcción. El Canónigo Fernández y el Ingeniero Sierra llegaron al acuerdo de techas algunas habitaciones del Colegio Seminario, que aún estaba en construcción con el objeto de almacenar allí los retablos y muebles que se encontraban aún en la Antigua Guatemala en el edificio de la Universidad de San Carlos. Previo inventario que hicieron en la derruida ciudad, dividieron los objetos en siete clases: Muebles, materiales utilizables en las nuevas construcciones, papelería de archivo y partituras musicales, libros, cuadros e imágenes, ornamentos del culto divino, joyas y demás objetos de oro, plata o que tuvieran piedras preciosas.
JOSE DE ULIBARRI, CONSTRUCTOR PROVISIONAL DE LA CATEDRAL
El 22 de octubre de 1793 se iniciaron los trabajos de la Casa Cural, que fue habitada por vez primera el día 24 de marzo del año 1800, utilizándola como vivienda el Cura Rector de la Parroquia del Sagrario, Presbítero y Doctor Antonio de Larrazabal. En el mes de mayo de 1794, debido a que el ingeniero José de Sierra, ascendido a Capitán, se le había concedido permiso para ausentarse de Guatemala, fue nombrado para sustituirle provisionalmente don José de Ulibarri Lozano, vecino de la ciudad. Este nombramiento fue uno de los últimos que hizo el Presidente don Bernardo Troncoso Martínez del Rincón. Ulibarri inició sus trabajos con gran entusiasmo, pero no se concretó estrictamente a la construcción, sino que empezó a intervenir en todos los asuntos relacionados con la obra. Revisó el manejo de las cuentas, pagos de planillas y jornales, llegando incluso, a pagar personalmente todas las compras de materiales y a los obreros.
EL ARQUITECTO EDUARDO QUIRÓS PROSIGUE LA CONSTRUCCIÓN
Para noviembre de 1794, era tal la cantidad de trabajo que había acumulado Ulibarri, que le fue materialmente imposible vigilar directamente los trabajos de la construcción, por lo que solicitó al nuevo Presidente de la Audiencia, jefe de Escuadra, José Domas y Valle, que nombrara un director de obras. El Presidente Domas y Valle accedió a lo pedido nombrando al Arquitecto Eduardo Quirós, quien inició sus labores a mediados del mes de diciembre de ese año. El 23 de diciembre de 1794 se nombró a don Felipe Rubio y Morales para supervisar los trabajos del Arquitecto Quirós, así como las labores, asistencia y control de materiales que se utilizaban en la construcción. En vista de que la construcción se veía ya bastante adelantada, el 14 de julio de 1796, el Venerable Cabildo Eclesiástico determinó mandar hacer una nueva lámpara de plata, que fuera lo suficientemente grande y hermosa para lucir en la nave central de la Metropolitana, pues consideraba que la que se poseía no estaba acorde con el nuevo edificio. Se ordenó, para hacer dicha lámpara, entregar al platero varias piezas grandes de plata antigua que estaban inservibles, con el objeto de ayudas a reducir el costo de los materiales. El resultado final aún se puede admirar puesto que todavía luce en nuestra Catedral; tiene un peso de 780 libras y el costo total, sin contar la plata que se proporcionó para fundirla, fue de 5,235 pesos. Esta preciosa lámpara fue estrenada el 25 de marzo del año 1815 (Sábado de Gloria), pasándose a la Capilla del Socorro la que trajo de Sevilla, en el siglo XVI, el Obispo Francisco Marroquín.
INFORME DEL INGENIERO JOSÉ DE SIERRA, SOBRE LA CATEDRAL
El 15 de enero de 1799, el ingeniero Sierra presentó una nueva relación de las construcciones de la Catedral. En sus párrafos más significativos manifiesta lo siguiente: En el testero de la Iglesia, se han cerrado las dos puertas que hacen a las naves laterales, quedando aquellas concluidas, todas de piedra labrada con sus derrames y capi-alzados adornados, como exteriormente cada una con un cuerpo de arquitectura que juegan con la fachada posterior y sólo les falta la cornisa del remate. Se ha cerrado la boca-capilla de los Reyes, se ha seguido en su interior con ocho pilastras y entablamento de la misma materia, por el orden compuesto, que forman la planta elíptica de dicha capilla y queda a la altura de seis varas con todo este frente y fachada, siendo lo restante de mampostería ordinaria según debe seguir todo el edificio. Se han puesto y concluido las dos puertas fronterizas, una para la sacristía y otra para la sala capitular, con sus hermosos frentes, coronados a seis varas de altura, todo de piedra labrada, como en su interior los capi-alzados y sobre-arcos. Se concluyeron dos nichos grandes con sus remates y de la misma materia los cuatro que tiene el crucero. Se ha cubierto la ante-sacristía con bóvedas a cascarón elíptico sobre pechinas, todo con molduras a hueso para su adorno interior; al otro lado en la Sala Capitular, se ha cerrado el ancho con una bóveda rebajada. En una de dichas capillas del crucero se ha cerrado su sacristía particular que es de igual longitud de veinticinco varas, cuyo cerramiento es de anillos y bóveda por aristas; habiéndose también trabajado en las azoteas sobre los cerramientos para disponer las vertientes superiores y en los patios y desagües de ambas sacristías. El informe del Ingeniero Sierra estaba en términos generales muy bien presentado y redactado con toda precisión, lo que le valió un ascenso en su rango.
EL INGENIERO ANTONIO PORTA, CONSTRUCTOR DE LA CATEDRAL
El 29 de diciembre de 1800, el ya ascendido Teniente Coronel José de Sierra, fue comisionado para ir a trabajar en la construcción de los fuertes de Granada y Trujillo, por lo que quedó en su lugar, aunque solo de manera interina, el ingeniero Antonio Porta, que había venido desempeñando el empleo de Sobrestante de las obras de la Catedral.
PEDRO GARCÍA AGUIRRE PROSIGUE LOS TRABAJOS DE LA CATEDRAL
En el mes de enero de 1802, encontrándose revisando una de las altas bóvedas de la Catedral el ingeniero Porta, tropezó accidentalmente en un saliente, con tan mala fortuna que cayó desde la gran altura. Quedó imposibilitado para caminar por lo que el Cabildo Eclesiástico solicitó nuevamente que se nombrara constructor. El 13 de abril de 1802, se hizo cargo de las obras don Pedro García Aguirre, quien había venido ocupándose en construir el convento de los Dominicos y el hospital de San Juan de Dios. García Aguirre inició una total revisión de lo fabricado concluyendo que debido a la incompetencia del Teniente Coronel Sierra, no sólo se habían duplicado los gastos, sino que prácticamente había quedado destruido mucho de lo bien edificado anteriormente, dejando además introducidos errores arquitectónicos que había que suprimir. El informe de García Aguirre provocó el rechazo del Cabildo Eclesiástico, Se adujo que el nuevo constructor deseaba elevarse sobre la ruina y el descrédito del anterior ingeniero. García Aguirre hizo caso omiso de la oposición del Cabildo Eclesiástico, e inició su trabajo con gran profesionalismo. Sus hechos demostraban que la razón le asistía en su dictamen adverso a las obras del Teniente Coronel Sierra.
EL ARQUITECTO SANTIAGO MARQUÍ ES NOMBRADO CONSTRUCTOR
El Presidente en vista de la poca economía con que se había llevado la obra, solicitó del Virrey de Méjico el envió de Nuevo Arquitecto, recordándole el nombre de Luis Martín. El consejo de Indias encomendó la designación del que estimase más conveniente don Juan de Villanueva. De los dos arquitectos que se ofrecieron a ir desde España hubo de prescindirse de don Francisco Mariategui, arquitecto de la Comisión de Caminos y profesor de la Academia de San Fernando, premiado en 1791, por no avenirse al sueldo ofrecido. La Real Orden de 6 de agosto de 1803 designó a D. Santiago Marquí, que no llegó a Guatemala hasta 1805.
ESTRENO DE LA CATEDRAL METROPOLITANA
El 31 de julio de 1811 de forma pacífica y silenciosa, hizo su ingreso a la nueva ciudad el Arzobispo Fray Ramón Casaus y Torres, pero debido a no haber llegado sus Bulas Pontificias, únicamente ejercería como Gobernador de la Arquidiócesis, con poder delegado del Cabildo en Sede Vacante. El 15 de marzo de 1815 se iniciaron los actos del estreno de la catedral, llevando procesionalmente desde su trono en la Iglesia de Santa Rosa, la venerada imagen de Nuestra Señora del Socorro. Se colocó en el altar principal de su capilla y allí permanece.
SUSPENSIÓN DE LAS OBRAS DE LA CATEDRAL
S egún los cuadernos de planillas, el Arquitecto Santiago Marquí y el Superintendente Antonio Norberto Serrano Polo, los trabajos en la Catedral se efectuaron del 1 de enero al 18 de junio y las obras se suspendieron por falta de fondos. El 20 de junio de 1815, el Arquitecto Santiago Marquí se presentó ante el Dean del Cabildo Eclesiástico, para solicitar se le extendiera certificación de hallarse suspendida la obra por falta de fondos, De esta manera logró el Arquitecto que sus sueldos no fueran suspendidos, pues se debía el paro de la construcción a causas ajenas a él. A partir del mes de junio de 1815 prácticamente se suspendieron las construcciones de la Catedral. Sin embargo, la utilización del templo para numerosas festividades religiosas fue frecuente. En este tiempo solamente se hicieron dos mejoras: En 1821, se construyeron las dos torrecillas del lado oriente, colocándoseles las respectivas campanas para llamar a misa; y en 1826 se colocaron las puertas del oriente, sur y poniente, instalándoseles las rejas a las claraboyas de las criptas.
EL NUEVO ALTAR DE MARMOL DE LA IGLESIA CATEDRAL COLOCADO PARA LA SOLEMNE CEREMONIA DE CONSAGRACIÓN DEL TEMPLO

El 23 de julio de 1860, con ocasión de haberse colocado en la Catedral el nuevo altar de mármol de Carrara, se realizó la solemne dedicación del templo máximo de la Arquidiócesis. El Altar Mayor primitivo de la Catedral era de madera dorada y mucho más grande que el de mármol. Fue una parte de él trasladada para servir de Altar Mayor del templo de Santa Rosa, donde hoy existe. El diseño original del Altar fue hecho en Guatemala por don Miguel y doña Julia Rivera, quienes como medida de precaución enviaron las medidas de la Catedral donde sería instalado el altar. La obra la dirigió el Arquitecto Flement, que era en París, el Inspector General de Obras. El altar fue remitido a Guatemala desde el puerto de La Haya hasta San José. El bello altar fue instalado por el oficial marmolista Luis Jardel.
CONSTRUCCIÓN DE LAS TORRES DE CATEDRAL
El 20 de mayo de 1862 al reunirse los fondos necesarios el Cabildo Eclesiástico decidió contratar los servicios de los Ingenieros Andrés Pedretti y Juan Tonel, para que dieran comienzo a la construcción de las torres. El 25 de marzo de 1865, una vez concluidas las torres, se colocaron las campanas de badajo y dobladoras en el campanario norte, estrenándose esta obra como preparación a las ceremonias de Semana Santa.
GRAVES DAÑOS SUFRE LA CATEDRAL POR CAUSA DEL TERREMOTO
El 25 de diciembre de 1917, a las 9:30 de la noche Guatemala enfrentaba una de las mayores catástrofes de la historia sacudida por un terremoto que paso destruyendo a su paso muchos edificios y viviendas, dejando muertes y desolación en la ciudad. Los más importantes edificios y la mayoría de las casas de la ciudad se vinieron al suelo en medio de aquellos retumbos y bamboleos. De las 9:30 de la noche a la primera hora del día 26, hubo 127 temblores de gran intensidad. La Catedral que tan orgullosamente fuera escenario de la Misa de Gallo, presentaba exteriormente un espectáculo triste, En el atrio los Evangelistas en su mayoría habían quedado quebrados por el peso de los materiales que cayeron desde las torres, las cuales quedaron cercenadas de raíz; la Tiara Papal y la construcción que la sostenía en lo alto cayó totalmente hacia el atrio; los relojes resultaron completamente arruinados. En el interior del templo la destrucción era enorme. La cúpula elíptica se había derrumbado en su totalidad, aplastando con su enorme peso el bellísimo altar de mármol, destrozándolo por completo. Del crucero solamente quedaban intactos loas arcos soportados por las columnas, luciendo los relieves de los cuatro Evangelistas completamente intactos. Las bóvedas laterales totalmente caídas. Más de un año permaneció la catedral en ruinas; bajo la dirección del Ingeniero Novella, poco a poco se fueron limpiando los escombros del interior. A principios de 1919, el Arzobispo Julián Raimundo y Riveiro por medio de los Canónigos Castañeda Muñoz, José Ángel y Herlindo García, inició colectas para la restauración de la Catedral
SE INICIA LA RECONSTRUCCIÓN DE LA CATEDRAL
El trabajo se inició por demoler totalmente la cúpula y las partes más dañadas de las bóvedas; se siguió con los restos de las torres y se extrajeron enormes cantidades de ripio. Después de sacar a concurso los planos de las obras de la Catedral, se encargó el trabajo al Ingeniero Guido Albany, famoso constructor italiano, graduado en la Universidad de Milán y venido a Centro América, por llamado del Gobierno de El Salvador. El ingeniero Albany era considerado, en esos días, el mejor especialista europeo en cemento armado. Históricamente se le puede considerar el pionero de la moderna arquitectura de Guatemala, por haber sido él quien inició este tipo de construcción. El ingeniero Albany inició los trabajos poniendo sólidos amarres a la portada principal; solicitó los primeros materiales y con solamente dos albañiles, inició la reparación de las cubiertas bóvedas, colocando una lechada y tapando lo mejor posible las grietas con cemento de la mejor calidad. Luego colocó techos provisionales de lámina, como prevención a las filtraciones de agua que podían debilitar la construcción. La sólida bóveda central fue construida totalmente con una gran trama de hierro y cemento. La cúpula y las bóvedas laterales fueron terminadas a finales del año 1924. El 11 de noviembre de 1924 quedó concluida la enorme cúpula que se hizo un poco más grande que la anterior, para que quedara mejor asentada; se le hicieron refuerzos de hormigón, concreto y hierro para sostenerla con la fuerza de las mismas naves. En la construcción de la cúpula y demás de la Catedral, el ingeniero Albany utilizó cemento Pórtland fresco y de fraguado lento, hierro homogéneo, arena de río desprovista de materias orgánicas y piedra pómez. La gravilla no excedió en ningún caso de dos centímetros de grueso. La proporción de cemento, arena y gravilla fue de 340 kilos de cemento Pórtland, 0.500 m3 de arena de río lavada, 0.750 m3 de gravilla triturada, agua dulce y limpia. El resultado de este trabajo está a la vista. A pesar de la violencia inaudita del terremoto del 4 de febrero de 1976, las bases puestas por Albany para colocar las torres y cubrir la nave central, así como la cimentación de la cúpula, permanecieron inconmovibles. La sólida trama de vigas y anclajes de hormigón armado, constituyeron la salvación de este enorme e histórico edificio cuya pérdida hubiera sido irreparable.

SE INSTALA EL NUEVO RELOJ DE LA CATEDRAL
En el año de 1934, el Arzobispo de Guatemala, Luis Durou y Sure, hizo a Guatemala el precioso regalo de un nuevo reloj para la Catedral. Este aparato fue traído a nuestro país por el relojero don Juan Hrdlitzchka, propietario de la Joyería El Sol, y resultó ser un instrumento de una exactitud asombrosa. El nuevo reloj de la Catedral venía provisto de tres carátulas garantizadas a prueba de daños por elementos naturales, así fueran aire, lluvia o sol.

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