Monseñor Juan José Gerardi Conedera (1922-1998)

Nació en la ciudad de Guatemala el 27 de diciembre de 1922, en el seno de una familia católica. Sus padres fueron don Benito Gerardi y doña Laura Conedera. Hizo sus estudios de primaria en el Asilo Santa María de las Hijas de la Caridad. Desde joven sintió la vocación al sacerdocio. Así, luego de terminar la escuela primaria ingresó al Seminario Conciliar de Santiago, donde cursó sus estudios de Humanidades y Filosofía. Finalmente completó sus estudios de teología en el Seminario de Notre Dame, en Nueva Orleans, Estados Unidos. Regresó a Guatemala para ordenarse sacerdote; su ordenación sacerdotal tuvo lugar en la Catedral de Guatemala el 21 de diciembre de 1946. Tenía por entonces 24 años.
Su servicio pastoral lo inició como coadjutor de la Parroquia El Sagrario, en la ciudad de Guatemala, desde enero de 1947 hasta junio de 1948, cuando fue nombrado párroco de Mataquescuintla, Jalapa, lugar donde permaneció hasta agosto de 1951. Después fue sucesivamente párroco en diversos lugares de la entonces Arquidiócesis de Guatemala: Tecpán Guatemala (octubre 1951-septiembre 1954), Patzicía (septiembre 1954 - julio 1955), San Pedro Sacatepéquez (julio 1955- septiembre 1956) y San José Palencia (septiembre 1956 - enero 1959). Regresó a la ciudad de Guatemala donde, a su labor como pastor de almas, sumó algunos encargos en la Curia Arquidiocesana, como colaborador de Monseñor Mariano Rossell y Arellano. Siendo capellán de la Iglesia de Santa Clara, fue nombrado Canciller de la Curia Eclesiástica en agosto de 1959. Promovido a párroco del Sagrario en 1962, continuó su servicio en la Curia Eclesiástica, siendo sucesivamente Canciller, Pro-Vicario General y Pro-Vicario Judicial. De la parroquia El Sagrario pasó en 1966 a la parroquia de Nuestra Señora de Candelaria, cargo que desempeñaba cuando fue nombrado Obispo de La Verapaz el 9 de mayo de 1967. Su ordenación episcopal tuvo lugar en la Catedral Metropolitana de Guatemala el 30 de julio de 1967, tomando posesión de la diócesis el 11 de agosto de dicho año.

Como obispo de La Verapaz, Monseñor Gerardi tuvo que enfrentar la dura situación que se vivía en la región, especialmente por la falta de salud y educación, así como por los efectos que empezó a tener la guerra interna que asoló Guatemala. Durante su tiempo en las Verapaces, Monseñor Gerardi impulsó la organización de la diócesis, implantando el espíritu del Concilio Vaticano II y de la Conferencia de Medellín en Las Verapaces. De parte de la Conferencia Episcopal le encargaron en 1973 la Comisión de la Pastoral Indígena por los aciertos que, en este campo, había hecho en su diócesis. Fueron años muy fecundos en el ministerio del nuevo obispo. Su corazón se ensanchó para acoger las necesidades de todos. De ese tiempo son las siguientes reflexiones de Mons. Gerardi: "... nos fuimos dando cuenta y fuimos constatando cual era la situación del indígena que constituía el noventa por ciento de nuestros feligreses. Vivían bajo condiciones muchas veces hasta infrahumanas bajo un régimen de marginación y explotación con altísimos índices de analfabetismo y devangando salarios de hambre. Esta situación golpeó fuertemente nuestro espíritu y con una decisión valiente decidimos, como diócesis, hacer una opción con los indígenas, los más pobres entre los pobres... A partir de aquí, todo el trabajo en la diócesis estuvo animado por esta opción. Hay momentos y hechos significativos que marcan nuestras vidas. Estos momentos vividos en la diócesis de Verapaz fueron para mí providenciales y marcaron mi vida y mi misión como Obispo. Todo el resto de mi actuación considero que no fue otra cosa sino hacer realidad esta opción".
Tenía ya 7 años de estar en La Verapaz, cuando el Papa lo nombró Obispo de El Quiché, en 1974. Tomó posesión de la diócesis de Santa Cruz del Quiché el 7 de diciembre de 1974, cuando empezaba a tomar auge la persecusión contra agentes de pastoral en todo el occidente del país. Los años que estuvo en El Quiché fueron muy fecundos pastoralmente, pero difíciles por la persecusión. "En El Quiché, ejerció su ministerio episcopal en un territorio extenso y de muy difícil acceso en años en los que la situación de la violencia crecía considerablemente. En tiempos de Mons. Gerardi, la diócesis fue objeto directo de diversas acciones de muerte contra sus catequistas, fieles y sacerdotes. Y el mismo obispo no escapó a los intentos de eliminarlo..." Fue obligado a salir de El Quiché el 20 de julio de 1980, radicando fuera de Guatemala, especialmente en el hermano país de Costa Rica, donde tuvo que permanecer casi dos años en el exilio.

Después de la 1a. visita del Papa Juan Pablo II a Guatemala (1983), y a la muerte del Cardenal Mario Casariego, la Arquidiócesis de Guatemala tuvo un nuevo Arzobispo: Monseñor Próspero Penados del Barrio, quien tomó posesión en enero de 1984. Por petición suya, y ya que Monseñor Gerardi había renunciado a la diócesis de El Quiché, fue nombrado Obispo titular de Guardialfiera y Auxiliar de la Arquidiócesis de Guatemala el 28 de agosto de 1984. Regresó, pues, Monseñor Gerardi, a apoyar directamente la labor pastoral de Mons. Próspero Penados del Barrio, de quien fue su más grande colaborador; desde esos tiempos, Mons. Gerardi se radicó en la parroquia de San Sebastián.
Además de su nuevo encargo en la Arquidiócesis de Guatemala, Mons. Gerardi hizo muchos servicios a la Conferencia Episcopal de Guatemala, pues desempeñó por varios períodos el cargo de Presidente de la Conferencia Episcopal. Era un Obispo muy interesado en su propia actualización teológica. Participó en dos Sínodos de los Obispos en Roma (en 1974 y 1980); en 1979, participó en la III Conferencia General del Episcopado Latinoamericano en Puebla, México.
En 1988, la Conferencia Episcopal le encomienda, junto a Monseñor Rodolfo Quezada Toruño, la representación de la Iglesia Católica en la Comisión Nacional de Reconciliación, cargo que le supuso muchos viajes al extranjero y muchos esfuerzos para contribuir a la reconciliación del país. En ese contexto también Mons. Penados le encomienda la creación y organización de la Oficina de Derechos Humanos del Arzobispado de Guatemala en 1989, oficina que dirigió como su Coordinador General hasta su muerte.

Sus tareas pastorales se dividían entre la parroquia San Sebastián, la Vicaría General en la Curia Arzobispal y la Oficina de Derechos Humanos. A estos encargos, se le suma la responsabilidad de la Vicaría de Pastoral. El 1er. Sínodo Arquidiocesano culminó en diciembre de 1992, y Monseñor Próspero Penados, para darle seguimiento a los Decretos Sinodales, nombró a Mons. Gerardi en 1993 Vicario de Pastoral, encargándole, por tanto, la coordinación de todas las comisiones de Pastoral Arquidiocesanas. El esfuerzo por lograr la organización de dichas comisiones se fortaleció después de la 2a. Visita del Papa Juan Pablo II a Guatemala, con ocasión del 4o. Centenario de la Imagen del Cristo Negro de Esquipulas. La Comisión organizadora de esta segunda visita en la Arquidiócesis apoyó a Mons. Gerardi en la creación de una Comisión de Pastoral que, por una parte, impulsó la catequesis de preparación para el Tercer Milenio (años 1997-1999) y, por otra, convocó el 1er. Encuentro Arquidiocesano de Pastoral (enero de 1997). Este encuentro tuvo como objetivo reimpulsar la Pastoral de Conjunto. En el encuentro, Mons. Gerardi dijo: "La Nueva Evangelización nos pide una nueva Iglesia. Es decir, una Iglesia renovada. Más conocedora de los problemas, las inquietudes y las necesidades de los hombres a los que está llamada a servir. Una Iglesia más solidaria, más compasiva, más misericordiosa y más comprometida con la causa de los pobres". Un año después, Mons. Gerardi y su Comisión de Pastoral organizaron el 2o. Encuentro Arquidiocesano de Pastoral ( en enero de 1998), cuyo principal objetivo era consolidar y fortalecer el Plan Pastoral Arquidiocesano, fruto del 1er. Encuentro.

En el campo de los Derechos Humanos, Monseñor Gerardi coordinó desde la Oficina de los Derechos Humanos del Arzobispado el Proyecto Interdiocesano "Recuperación de la Memoria Histórica" (REMHI), proyecto que se realizó entre 1995 y 1998. Este proyecto, como bien lo explicó el mismo Mons. Gerardi en la Ceremonia de Apertura (24 de abril de 1995), no pretendía despertar nuevas animadversiones o deseos de revancha; al contrario, se trataba de presentar un análisis que explicara lo sucedido en los largos años de la guerra interna, para que, a la luz de ello, se emprendiera la tarea de educar en la verdad y así evitar caer de nuevo en los mismos errores. Fue un esfuerzo por conocer la verdad para invitar al reconocimiento de las responsabilidades personales y de grupo, de manera que la paz se lograra mediante una verdadera reconciliación.

La presentación y entrega del informe de este proyecto se llevó a cabo el día 24 de abril de 1998, en la Catedral Metropolitana. Dos días después, Mons. Gerardi fue brutalmente asesinado mientras regresaba a la Casa Parroquial de San Sebastián, alrededor de las 10 de la noche del 26 de abril de 1998. Unos meses antes había cumplido 75 años (en diciembre de 1997). Su muerte conmosionó a todo el país. Terminaron con la vida del obispo que luchó por el respeto a los Derechos Humanos, por la paz y la reconciliación de los guatemaltecos, y porque se conocieran los hechos de violencia acaecidos durante el conflicto armado interno para que éstos nunca más se volvieran a repetir. Pero sus asesinos no pudieron acabar con su voz y su legado. Todavía hoy, varios años después de su muerte, se mantiene su memoria y su ejemplo anima el caminar de muchos guatemaltecos y guatemaltecas.

Respecto del talante de Monseñor Gerardi, recogemos las palabras pronunciadas con ocasión de la Eucaristía que la Conferencia Episcopal celebró en su honor el 6 de mayo de 1998, a pocos días de su muerte. "Monseñor Gerardi era una pesona abierta al diálogo, conciliadora, vínculo de comunión y, dentro de la historia reciente de Guatemala, tendrá que ser recordado como alguien de los que contribuyó con mayor insistencia y entrega al proceso de paz. No aceptaba la diplomacia vacía ni las concertaciones retóricas. Creía en la posibilidad de alcanzar la verdad y sabía que la justicia y la paz sólo se podrían lograr a través de la verdad y, por eso, no escatimó esfuerzos en llegar a ella. El último trabajo que coordinó, la Recuperación de la Memoria Histórica, "GUATEMALA: NUNCA MÁS", parecía estar cerrando magistralmente una vida de búsqueda de paz y reconciliación, de la justicia y la verdad. No sabía aún, sin embargo, que el broche de oro de esta obra en la que él creyó, se lo pondría su misma sangre. Es evidente que, aunque no a todos resulta claro, el sentido de esta última obra de Mons. Gerardi, él la asumió y la realizó con entrega y dedicación porque era un nuevo encargo que la Iglesia, a través de la Conferencia Episcopal de Guatemala, le daba y porque creía que podía constituir un medio para sanar las heridas que los años de guerra habían dejado en el corazón y en la memoria de Guatemala. Para él, esta obra constituía el último capítulo que precedía a la implementación de la paz estable y duradera en Guatemala".

En él, se cumplen las palabras de Jesús a sus Apóstoles: "Recuerden lo que les dije: ningún siervo es superior a su Señor. Igual que me han perseguido a mí, los perseguirán a ustedes; y en la medida en que pongan en práctica mi enseñanza, también pondrán en práctica la de ustedes. los tratarán así por mi causa" (cf. Jn 15, 20-21).
Terminamos con la siguiente Oración pronunciada el 28 de abril de 1998, dos días después de su muerte:
Dios todopoderoso, tú eres el Pastor, junto a quien toda persona se siente segura. Tú velas por nosotros con ternura y respeto; estás siempre cerca de nosotros de un modo activo y amoroso y para que esta solicitud se haga visible y tangible, nos has dado a tu Hijo, que por nosotros dió su vida y fue llevado como un cordero al matadero. Concédenos la gracia de sabernos plenamente seguros bajo tu protección y de conservar siempre esa paz profunda que el mundo no puede dar ni quitar. Recibe como ofrenda la vida de tu siervo, el obispo Juan Gerardi, que para nosotros y para el pueblo de esta Arquidiócesis fue buen pastor y que llegó hasta dar su vida. Amén.
