Peregrinación 1 de enero

TRADICIONAL PEREGRINACIÓN A CATEDRAL METROPOLITANA

PARA INICIAR EL AÑO DEDICÁNDOLO A JESÚS SACRAMENTADO

LUNES 1 DE ENERO DE 2007
SOLEMNIDAD DE SANTA MARÍA, MADRE DE DIOS
CELEBRACIÓN DE LA JORNADA MUNDIAL DE ORACIÓN POR LA PAZ 2007

 

Como todos los años, los guatemaltecos empezamos el nuevo año adorando a Jesús Sacramentado. La Catedral abrirá sus puertas para recibir a los peregrinos desde las 6:00 horas. Durante todo el día se tendrá el Santísimo expuesto en adoración, salvo los momentos en los que se esté celebrando la Santa Misa. Al final del día, se tendrá Procesión Eucarística a las 18:30 hrs.

 

Altar del Jubileo Circular
El horario de nuestras celebraciones será el siguiente:
Santas Misas durante la mañana a las 7:30 am; 9:00 am; 10:30 am; 12 am
Santas Misas durante la tarde a las 2:30 pm; 4:00 pm; 5:30 pm y 7:00 pm.
A las 6:30 se tendrá la procesión Eucarística por las naves del templo.

Tres motivos se unen para peregrinar a la Catedral el 1 de enero cada año: la solemnidad de Santa María, Madre de Dios; la celebración de la Jornada mundial de Oración por la paz y el inicio de un nuevo año con la bendición de Jesús Sacramentado.

1. La Solemnidad de Santa María, Madre de Dios

 

 

Todos los años, el 1 de enero, al celebrar la octava de la Navidad, la Iglesia recuerda a María, la madre de Jesús, en el misterio de su divina maternidad. Como lo ha puntualizado muchas veces el señor Arzobispo de Guatemala, todos los privilegios marianos, especialmente su concepción inmaculada y su asunción al cielo, tienen su fundamento en el primero y principal de estos privilegios: el haber sido escogida para madre de Jesús. Por eso, celebrar la maternidad divina de María significa celebrar la grandeza de aquella que, sobre toda otra criatura en el cielo y en la tierra, fue exaltada para ser madre de su mismo Creador. El misterio de la maternidad divina supone descubrir en María la fe y la docilidad de espíritu que le permitió acoger el proyecto salvador de Dios, del cual ella fue protagonista de primera línea.

Las lecturas de la solemnidad recuerdan el misterioso plan de Dios que María acogió primero en su corazón por la fe. En la primera lectura, el libro de los Números (6,22-27) nos recuerda la bendición sacerdotal que los hijos de Aarón debían pronunciar sobre todos los israelitas: "El Señor te bendiga y te proteja, haga resplandecer su rostro sobre ti y te conceda su favor. Que el Señor te mire con benevolencia y te conceda la paz". La segunda lectura es el maravilloso texto de san Pablo a los gálatas, donde el apóstol recuerda que, al llegar la plenitud de los tiempos, Dios envió a su hijo "nacido de una mujer", para rescatar a los que vivían bajo la ley, a fin de hacernos hijos suyos y nos invita a acoger el Espíritu Santo para ser y vivir de verdad como hijos de Dios (Gal 4, 4-7). El Evangelio nos recuerda el momento en el que los pastores encontraron al niño recostado en el pesebre y nos hacen sentir los sentimientos íntimos del corazón de María, que al oir todo lo que se anunciaba del niño, "guardaba todas estas cosas y las meditaba en su corazón". El texto lucano termina recordándonos que, a los ocho días, circuncidaron al niño y le pusieron el nombre de Jesús (Lc. 2,16-21).

El Evangelio del día: «Los pastores fueron a toda prisa, y encontraron a María y a José, y al Niño acostado en el pesebre»

Hoy, la Iglesia contempla agradecida la maternidad de la Madre de Dios, modelo de su propia maternidad para con todos nosotros. Lucas nos presenta el “encuentro” de los pastores “con el Niño”, el cual está acompañado de María, su Madre, y de José. La discreta presencia de José sugiere la importante misión de ser custodio del gran misterio del Hijo de Dios. Todos juntos, pastores, María y José, «con el Niño acostado en el pesebre» (Lc 2,16) son como una imagen preciosa de la Iglesia en adoración.

“El pesebre”: Jesús ya está ahí puesto, en una velada alusión a la Eucaristía. ¡Es María quien lo ha puesto! Lucas habla de un “encuentro”, de un encuentro de los pastores con Jesús. En efecto, sin la experiencia de un “encuentro” personal con el Señor no se da la fe. Sólo este “encuentro”, el cual ha comportado un “ver con los propios ojos”, y en cierta manera un “tocar”, hace capaces a los pastores de llegar a ser testigos de la Buena Nueva, verdaderos evangelizadores que pueden dar «a conocer lo que les habían dicho acerca de aquel Niño» (Lc 2,17).

Se nos señala aquí un primer fruto del “encuentro” con Cristo: «Todos los que lo oyeron se maravillaban» (Lc 2,18). Hemos de pedir la gracia de saber suscitar este “maravillamiento”, esta admiración en aquellos a quienes anunciamos el Evangelio.

Hay todavía un segundo fruto de este encuentro: «Los pastores se volvieron glorificando y alabando a Dios por todo lo que habían oído y visto» (Lc 2,20). La adoración del Niño les llena el corazón de entusiasmo por comunicar lo que han visto y oído, y la comunicación de lo que han visto y oído los conduce hasta la plegaria de alabanza y de acción de gracias, a la glorificación del Señor.

María, maestra de contemplación —«guardaba todas estas cosas, y las meditaba en su corazón» (Lc 2,19)— nos da Jesús, cuyo nombre significa “Dios salva”. Su nombre es también nuestra Paz. ¡Acojamos en el corazón este sagrado y dulcísimo Nombre y tengámoslo frecuentemente en nuestros labios!

2. La celebración de la Jornada Mundial de oración por la paz

 

Niño Dios de la Catedral

 

Todos los años, con motivo del inicio del año civil, el Santo Padre convoca una jornada mundial de oración para pedir a Dios el don inestimable de la paz. Como reflexionaba el señor Cardenal Arzobispo de Guatemala este pasado 29 de diciembre, en su homilía con ocasión del X Aniversario de la firma del Acuerdo de Paz firme y duradera en nuestro país, la paz no puede ser sino don de Dios al mismo tiempo que es responsabilidad nuestra. Por eso, hemos de invocar de Dios la paz que sólo Él nos puede dar.

Nuestro país ha pasado por un año muy duro y este nuevo año será electoral. Hemos de invocar a Dios para que nos dé el don de la paz, para que cese la incontenible violencia y todos podamos vivir en libertad y justicia, en entrega mutua y servicio desinteresado. Hemos de pedir a Dios para que a nadie falte lo necesario y para que tengamos todo lo que se necesita para vivir en paz. Por eso, este día es un día especial para rogar por la paz en nuestro país. La paz para nuestro pueblo no será posible sin la paz del corazón, que es fruto de la sincera voluntad de Dios en nuestras vidas, abandonando todo comportamiento contrario a la voluntad de Dios y encaminándonos durante todo el año en la entrega al proyecto de Dios en el servicio a nuestros hermanos.

3. El inicio del año con la bendición de Jesús Sacramentado

 

 

Pero el motivo más tradicional para que los guatemaltecos y guatemaltecas visiten la Catedral el 1 de enero es sin duda porque se inicia allí el Jubileo Circular del año 2007 y, por tanto, todos quieren empezar el año con la bendición de Jesús Sacramentado. El amor de los guatemaltecos al Santísimo Sacramento, patentizado en la devoción al Jubileo Circular, tiene su máxima expresión este día 1 de enero, en el que se realiza una auténtica peregrinación a la Catedral para orar delante de Jesús Eucaristía y participar de la Santa Misa. Asociado a esta visita, los guatemaltecos obtienen la programación del Jubileo Circular para todo el año y obtienen las tres monedas bendecidas. La costumbre de las tres monedas benditas es muy antigua. Se originó cuando los miembros de la Archicofradía del Santísimo y las guardias del Santísimo colocaban sus mesas en la entrada de la Catedral para pedir ofrendas para el culto de la Eucaristía y los devotos pedían a cambio de una ofrenda, que se les dieran tres monedas bendecidas, símbolo de la fe, la esperanza y la caridad y expresión de que sólo Dios puede darnos salud, trabajo y vivienda. La costumbre es conservar las tres monedas todo el año y devolverlas como una ofrenda el 1 de enero del año siguiente. En los últimos años, se ha asociado a la entrega de las 3 monedas, el ofrecimiento que los peregrinos hacen a Dios al recibir dichas monedas bendecidas.

Oración a Jesús Sacramentado para pedir la bendición de Dios en el nuevo año

h Jesús, buen Pastor, creemos que Tú estás real y verdaderamente presente en el Santísimo Sacramento del Altar. Te alabamos, bendecimos y glorificamos por todos los dones que tan generosamente nos concediste en el año que terminó. Sabemos que estuviste siempre con nosotros y estamos agradecidos por haber podido encontrarte en cada recodo de nuestro camino. Perdónanos por las veces en que te ofendimos con nuestros pecados o te negamos con nuestras acciones.

eñor Jesús, te suplicamos con corazón humilde y sencillo que no nos falte la gracia de tu presencia en este nuevo año. ¡Quédate con nosotros, Señor! ¡Libéranos del mal y protégenos del pecado! ¡Danos el don de tu amor! ¡Ayúdanos a vivir según tu voluntad! ¡Y que no nos falten casa, comida y salud!

e ofrecemos lo que somos y tenemos. Te ofrecemos ser mejores católicos y vivir según tus enseñanzas, en la fe, esperanza y caridad. Lo haremos cumpliendo con lo que nos pide nuestra madre, la Iglesia Católica. Procuraremos mantenernos en gracia, participar en la Santa Misa y comulgar devotamente cada domingo, así como visitarte siempre que podamos en el Jubileo Circular o en la Catedral Metropolitana y no desperdiciar ninguna ocasión para expresar nuestro amor a tí en obras de caridad hacia los demás. Que vivamos en una continua alianza de amor contigo, en la confianza que tú estarás siempre con nosotros durante todo el año. Tú eres Dios y vives y reinas, por los siglos de los siglos. Amén.

 

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