CON OCASIÓN DE LA SOLEMNIDAD DE LA INMACULADA CONCEPCIÓN
TRADICIONAL REZADO DE LA VIRGEN INMACULADA CONCEPCIÓN DE CATEDRAL
Sábado 9 de Dliciembre de 2006

Como todos los años, la Inmaculada Concepción de la Santa Iglesia Catedral recorrió las calles de la ciudad en festivo rezado, para bendecir a los guatemaltecos y guatemaltecas. El cortejo procesional fue precedido por los santos Ángeles, que acompañaron a la Santísima Virgen como testimonio del homenaje de toda la Iglesia y toda la creación a la Madre de Dios. El rezado quiso ser un momento especial de gracia, en el marco de la devoción a la Santísima Virgen María en el tiempo del Adviento.
Agradecemos a todos los devotos y devotas de la Virgen que acompañaron el rezado, y en particular a los devotos del Santuario Arquidiocesano del Señor San José, de la parroquia de Nuestra Señora de las Mercedes y de la parroquia del Dulce Nombre de Jesús (la Recolección), que como todos los años se prodigaron en recibir a la Santísima Virgen María en sus respectivas comunidades. También agradecemos las muestras de devoción filial de los vecinos que como todos los años se manifestaron espléndidos en su recibimiento a la Santísima Virgen. La Santísima Virgen regresó a la Catedral a las 21:30 horas, siendo recibida en su templo con repique de campanas y cohetillos, que dieron un toque eminentemente festivo a la entrada del rezado.
La Santísima Virgen, en el Antiguo Testamento, es prefigurada en la paloma que salió del arca de manos de Noé. Los antiguos vieron en dicha paloma, que trajo una rama de olivo y que anunció el final del diluvio, a aquella que nos trajo a quien nos salvó del diluvio de nuestros pecados y nos lleva al puerto de la salvación. "Abrid ahora la ventana del Arca y dad paso a la blanca paloma fiel que trae la salud: ¡pueblos, naciones, estremeceos de alegría! Las aguas del diluvio se han apaciguado y el arcoiris se deja ver y el cielo se serena, anunciando la perpetua paz para los hombres".
María es la gran portadora de la paz. Ella, que es a la vez Madre de Dios y madre nuestra, en medio de los diluvios de males, a modo de un arcoiris, se presenta ante nuestros ojos como aquella que hace presente la salvación, tal como las Escrituras anunciaron: "pondré mi arco en las nubes, y será señal de la alianza entre mí y la tierra". Por eso, aunque la tormenta se desencadene y se entenebrezca el cielo, nadie tiene que temer, porque viendo a María, Dios se aplacará y perdonará a todos.
La Virgen María es la Reina de la Paz. Como Madre de Dios y madre nuestra, ella anhela la paz para todos sus Hijos. Ella, cual mediadora de todas las gracias, puede conseguirnos la paz, esa paz que el mundo no puede dar y que es el mismo Jesús, príncipe de la paz. La verdadera paz nace del encuentro con Jesucristo, quien nos reconcilia con Dios y nos da la gracia de la paz. Pidámosla por intercesión de María.
"¡Dios te salve, Augustísima Reina de la Paz, fuente amorosa y viva, que por el Sacratísimo Corazón de Jesús, tu Hijo, Príncipe de la Paz, como lo profetizó Isaías, te pedimos que ruegues e intercedas por nosotros para que Dios dé al mundo en guerra la paz por la que suspiran los pueblos, la paz en la verdad, en la justicia y en la caridad de Cristo!"
El Papa Benedicto XV, por decreto del 5 de mayo de 1917, pidió que a partir del 1 de julio de dicho año se introdujera en las Letanías Lauretanas de la Santísima Virgen la invocación: Regina Pacis, ora pro nobis.