BODAS DE ORO SACERDOTALES DEL SEÑOR CARDENAL ARZOBISPO
El día 21 de septiembre del año 1956, Monseñor Mariano Rossell y Arellano, Arzobispo de Guatemala, ordenó presbítero al diácono Rodolfo Ignacio de Jesús Quezada Toruño, en ceremonia celebrada en la Catedral Metropolitana a las 7 horas. Quiso Dios confirmar entonces la llamada que el joven Rodolfo sintió desde sus 15 años y que ha ido profundizando durante toda su vida. La gracia del ministerio sacerdotal que recibió aquel día ha sido fecunda en su existencia. El presbítero entusiasta que aprendió a ser pastor de almas en varias parroquias, que acompañaba a la acción católica universitaria y que fue nombrado primer rector del Seminario Mayor Nacional de la Asunción, fue luego llamado por Dios al ministerio del episcopado, primero en la diócesis de Zacapa y Chiquimula, luego en la Prelatura del Santo Cristo de Esquipulas y posteriormente en la Arquidiócesis de Guatemala. Y ahora, que aquel recién ordenado es Arzobispo de Santiago y Cardenal de la Iglesia Católica de Roma, celebramos con él la misericordia del Señor al conmemorar los cincuenta años de su ordenación sacerdotal.
Con la presencia de don Ottavio Petroni, párroco de San Saturnino Mártir en Roma, y de un grupo de feligreses italianos, las conmemoraciones para celebrar estas Bodas de Oro tuvieron su inicio el sábado 16 de septiembre en el Complejo Deportivo de Zacapa. Monseñor Quezada celebró con el obispo, el clero, los religiosos y religiosas y los feligreses de la diócesis de Zacapa y Chiquimula. Al concluir la celebración, Monseñor Aníbal Casasola, actual obispo de la diócesis, invitó al señor Cardenal a bendecir la nueva casa que se construyó para albergar tanto a la comunidad vocacional como al curso propedéutico de la diócesis oriental. Hermoso marco para la celebración de las bodas de oro del Cardenal Quezada, ya que fue un decidido propulsor de las vocaciones sacerdotales mientras estuvo en Zacapa.
Al día siguiente, el domingo 17, el señor Cardenal celebró la Eucaristía en la Basílica del Santo Cristo de Esquipulas, en el marco del homenaje de la Prelatura. El abad de Esquipulas, P. Héctor Sosa, en nombre de los monjes benedictinos y de la feligresía de la prelatura, ofreció unas calurosas palabras al señor Arzobispo en el marco de una celebración que hizo al homenajeado recordar muchas anécdotas de momentos vividos al amparo del Santo Cristo. Tanto en Zacapa como en Esquipulas, la feligresía se desbordó en gestos de cariño y gratitud hacia el prelado.
Las celebraciones en la Arquidiócesis de Santiago dieron inicio el martes 19, con el homenaje del clero; posteriormente, el miércoles 20, el homenaje con los religiosos y religiosas. En ambas reuniones privó un clima de cercanía y de afecto hacia el arzobispo. El miércoles 20, por la tarde, esperaba al señor Cardenal una gran feligresía de la Vicaría de Sacatepéquez congregada en la Iglesia de La Merced en Antigua Guatemala. Con la presencia de algunos obispos, el clero de la vicaría y una gran cantidad de feligreses, el señor Cardenal recordó la importancia que, para su vida, ha tenido el confrontarse con el testimonio de los obispos y arzobispos de Guatemala, de los cuales muchos moraron en esa ciudad colonial.
El día de las bodas de Oro, festividad de San Mateo apóstol y evangelista, el señor Cardenal Arzobispo amaneció con el homenaje ofrecido por el Colegio de Infantes, el Seminario Mayor y la Pastoral Juvenil, homenaje al que se unieron otros colegios católicos. Momento muy agradable, en un clima de apertura y confianza filial, los niños y jóvenes se acercaron al señor Arzobispo para manifestarle su afecto. En horas de la tarde, se celebró la Solemne Misa concelebrada en la Catedral Metropolitana para conmemorar las Bodas de Oro. Con la presencia del señor Nuncio Apostólico de Su Santidad, Mons. Bruno Mussaró, así como de los arzobispos de San Salvador, Managua y Los Altos, Quetzaltenango – Totonicapán, la mayoría de los obispos de la Conferencia Episcopal, sacerdotes, miembros de su familia, amigos y feligreses en general, el señor Cardenal Arzobispo hizo un recuerdo agradecido de todos los dones que el Señor le concedió por pura misericordia y que hicieron que él llegara a ocupar su propio lugar en el plan de Dios. Al tener presente a san Mateo, el señor Cardenal realizó una extraordinaria reflexión sobre el “ven y sígueme” que debe caracterizar a todo cristiano. Con ocasión de la celebración, el Nuncio Apostólico leyó la carta que el Papa Benedicto XVI le enviara unos días antes, y después de la Oración final, Mons. Álvaro Ramazzinni Imeri, presidente de la Conferencia Episcopal, dirigió unas palabras agradecidas al Señor.
Entre bromas y anécdotas, el señor Arzobispo estuvo también con los laicos y laicas, representados por el Consejo Arquidiocesano y otros miembros de grupos, comunidades y movimientos apostólicos, la noche del viernes 22 en el Santuario de Adoración perpetua. El día sábado se tuvo un concierto de gala con el órgano de la Catedral, así como con coros invitados para realizar un programa de música polifónica y romántica, mucha de ella escrita para la Catedral de Guatemala.
El domingo 24 se celebró la actividad más importante, porque se congregó frente a la Catedral Metropolitana, en la Plaza de la Constitución, una multitud de personas para participar en la santa Misa. Esta celebración contó con la maternal presencia de María, en la imagen consagrada y coronada de la Santísima Virgen del Rosario, patrona de Guatemala. La procesión conmemorativa fue extraordinaria. La Santísima Virgen, cuyas andas fueron detenidas en el atrio de la Catedral para que dominara el altar construido para la ocasión, estuvo una vez más para engalanar la celebración de uno de sus más grandes y devotos hijos. La procesión conmemorativa regresó a su templo a las 14 horas, después de bendecir los hogares de los guatemaltecos.
Todas estas actividades fueron organizadas por el Vicario General y Obispo Auxiliar, Mons. Mario Ríos M., quien junto con un equipo de personas se esforzó porque, con ocasión de esta conmemoración, los feligreses de la Arquidiócesis valoren el ministerio sacerdotal y recen por él, para que Dios nos dé muchos y santos sacerdotes para Guatemala.
Aprovechamos para agradecer a todas las personas que, en las diferentes actividades, ofrecieron su trabajo y sus recursos para engalanar este aniversario. ¡Que Dios bendiga a nuestro Arzobispo y le dé muchos años más de vida! ¡Felicidades, Monseñor Quezada!
Aprovechamos para publicar la carta del Papa al señor Arzobispo Cardenal.
CARTA DEL PAPA BENEDICTO XVI AL ARZOBISPO DE GUATEMALA CON OCASIÓN DE SUS BODAS DE ORO SACERDOTALES
A NUESTRO VENERABLE HERMANO RODOLFO CARDENAL DE LA SANTA IGLESIA ROMANA, QUEZADA TORUÑO, ARZOBISPO DE GUATEMALA
EMINENTÍSIMO Y VENERADO HERMANO:
Nos es grato verte recordar la sagrada liturgia del rito de tu ordenación sacerdotal con el júbilo de tus familiares y de todos los participantes.
Han pasado 50 años, largo tiempo de ministerio pastoral, que con tanto cuidado has realizado y que con esta carta nuestra deseamos honrar públicamente.
Es grato recordar los años de tu juventud cuando te aplicabas al estudio de las ciencias eclesiásticas, la Historia de la Iglesia y la jurisprudencia romana en esta Ciudad.
Con la debida preparación, emprendiste la labor pastoral para difundir el Evangelio y llevar a tu patria los beneficios salvíficos del mismo Cristo. Además, desempeñaste varios oficios en la Iglesia, tanto en la Curia metropolitana como en la rectoría del Seminario Mayor Nacional.
Después por voluntad de Pablo VI, comenzaste la obra espiritual de Obispo Auxiliar en la Iglesia de Zacapa donde los fieles disfrutaron abundantemente de los bienes del Señor. Después recibiste dicha Sede para presidirla y te fue agregado el cuidado de la Prelatura de Nuestro Señor Jesucristo Crucificado de Esquipulas.
Volviste a tu tierra natal como Arzobispo de Guatemala nombrado por nuestro Venerado Antecesor Juan Pablo II quien te agregó al Colegio de los Cardenales.
Dicho esto, ahora queremos exaltar tu labor digna y eficaz, que públicamente realizas, venciendo no pocas dificultades, tanto con la confianza de los Obispos de Guatemala como de los fieles de tu Diócesis sede.
Así pues queremos felicitarte por tus cincuenta años de ordenación sacerdotal suplicando al Benignísimo Señor te recompense por tus méritos y que Él mismo te proteja en los años venideros. Finalmente, Venerable Hermano Nuestro, con gran cariño te bendecimos así como a tus Obispos Auxiliares y a toda la comunidad eclesial.
Vaticano, 12 de agosto del año 2006, segundo año de nuestro pontificado.
Benedicto PP. XVI