Ilmo. Próspero Penados del Barrio (1984-2001). Nació en Ciudad Flores, El Petén, el 28 de agosto de 1925 en el seno de una familia cristiana, profundamente católica, tanto por la rama de su padre, Ponciano Penados Pinelo, como de su madre, Aurora del Barrio Vásquez de Penados. Su bisabuelo fue el primer párroco de El Petén, el Pbro. José María Pinelo, quien se hizo sacerdote al enviudar y teniendo varios hijos, para cumplir la promesa que había hecho de dedicar su vida al servicio de Dios si se salvaba de ser enterrado vivo, durante un ataque de catalepsia. De familia fueron 7 hermanos. Realizó sus estudios primarios en Ciudad Flores, y los finalizó en el Colegio San Sebastián de la Ciudad de Guatemala. Pasó luego al Seminario Conciliar de Santiago. Cursó sus estudios de Filosofía en Seminario de Notre Dame, de New Orleans, Estados Unidos, y la Teología en la Pontificia Universidad Gregoriana de Roma, obteniendo el grado de Licenciado en Teología. Fue ordenado sacerdote en la Basílica de Santa María la Mayor de Roma, el 24 de marzo de 1951. A su regreso a Guatemala, desempeñó diversos cargos pastorales: párroco de la Iglesia Santísima Trinidad, z. 3 y de María Auxiliadora, z. 5; Rector del Seminario Menor y Canciller de la Curia Metropolitana. Posteriormente párroco de La Merced (Antigua Guatemala) y de la parroquia de Santa Ana (Chimaltenango). Siendo párroco de Nuestra Señora de Candelaria, el Papa Pablo VI lo nombró obispo auxiliar de la diócesis de San Marcos, el 30 de julio de 1966, como directo colaborador de Mons. Celestino Fernández Pérez, primer Obispo de dicha diócesis. Fue ordenado en la Catedral Metropolitana de Guatemala, el 19 de noviembre de 1966. El 12 de febrero de 1971, Monseñor Próspero Penados del Barrio se convierte en el segundo obispo de San Marcos. Tenía entonces 46 años de edad, y entregó con corazón generoso desvelos y trabajos por aquella Iglesia particular que le fuera confiada. A la muerte del Cardenal Mario Casariego en junio de 1983, el Papa Juan Pablo II lo nombra el sábado 3 de diciembre arzobispo metropolitano de Guatemala y prelado de Esquipulas. Asume su ministerio pastoral el domingo 8 de enero de 1984. El 15 de enero de 1984 asumió la Prelatura de Esquipulas (que en 1986 entregó al Obispo de Zacapa). Eligió como lema de su ministerio episcopal la frase “El Señor es mi luz” (Salmo 27, 1), que nos lo retrata de pies a cabeza, como el hombre confiado de Dios, que supo acompañar a su pueblo con sencillez, humildad, sabiduría, responsabilidad, pero también con valentía y fortaleza. Confiando en Dios, y guiado siempre por su luz, supo defenderlo de las adversidades, haciéndose voz de los que no tienen voz, y saliendo en defensa de sus derechos. Promovió el respeto a los derechos de la persona humana, defendió el valor de la vida, abrió caminos a la justicia, trabajó por la promoción de la paz y la concordia de los guatemaltecos en años difíciles como los del enfrentamiento armado interno. Buscó la reconciliación del pueblo con pasión, y apostó a la vez por la justicia y la verdad. Fue solidario con la gente perseguida, y cercano a los pobres de las áreas marginales de la ciudad capital. Anunció el Evangelio a su pueblo, recorrió las parroquias, celebró la Eucaristía haciendo memoria de Jesús, repartiendo el pan de su Cuerpo y su Palabra; confirmó miles de jóvenes, animó la fe de la Iglesia. Apoyó el Proyecto Interdiocesano para la Recuperación de la Memoria Histórica (REMHI), y quiso que el nombre de las víctimas contenidas en tal Informe, figuraran en las columnas del atrio de la Catedral Metropolitana. Como Arzobispo le tocó mediar e interceder, y a la vez denunció las injusticias, los abusos y las violaciones contra los derechos humanos. Fue cercano a los pobres, para quienes reclamó siempre un puesto singular en la Iglesia y la sociedad. Contribuyó a fortalecer las organizaciones populares de la sociedad civil que luchaban por la democracia y la plena participación de todos en la construcción de una Guatemala distinta. Monseñor Próspero Penados apoyó a monseñor Juan Gerardi, después de sus años duros en la Diócesis de Quiché, y a su regreso del destierro en Costa Rica, lo recibió en su Arzobispado, para confiarle tareas específicas en el campo de la Pastoral Social, la reconciliación, la promoción de los Derechos Humanos y la solidaridad. Por su compromiso pastoral, no le faltaron contratiempos y momentos duros, sin descartar las amenazas de sectores opuestos al Arzobispado. Sufrió la soledad y la incomprensión. Sin embargo, nunca le faltó la solidaridad del pueblo humilde, de los agentes de pastoral, de la vida consagrada, de los movimientos laicales o las comunidades parroquiales. Promovió el Primer Sínodo Arquidiocesano para fortalecer la pastoral en la Arquidiócesis y entrar en un proceso de pastoral de conjunto, de modo que se respondiera a las múltiples necesidades que presentaba la Iglesia de Guatemala. Entre los cargos que desempeñó figuran: Presidente de la Conferencia Episcopal de Guatemala (1984-1985), presidente del Departamento de Misiones del Consejo Episcopal Latinoamericano (CELAM); presidente del Secretariado Episcopal de América Central (SEDAC, 1988). El 28 de agosto, al cumplir 75 años de edad, renunció al Arzobispado de Guatemala que entregó en manos de Su Eminencia el Cardenal Rodolfo Quezada Toruño, el 25 de julio de 2001. Murió como el primer Arzobispo emérito de Guatemala, en su casa de retiro, cerca del Seminario Nacional de la Asunción, el 13 de mayo de 2005.