Ilmo. Mariano Rossell y Arellano (1939-1964). Nacido en Esquipulas en 1894, ingresó al seminario y fue ordenado sacerdote en 1918 por el Arzobispo Riveiro y Jacinto. Después de unos años en Mazatenango, fue nombrado sacristán mayor de la Catedral y secretario particular del Arzobispo Muñoz y Capurón, a quien tuvo que acompañar al destierro. Regresando a Guatemala, fue párroco de Palencia y de San Juan Sacatepéquez, Capellán de Santa Clara y de El Carmen; posteriormente párroco de Totonicapán y de Jocotán y finalmente en 1931 pasó a ser párroco de San Sebastián en la ciudad capital. En 1935 fue nombrado Vicario General del Arzobispado y, a la muerte de Mons. Durou y Suré, fue electo arzobispo de Guatemala el 8 de enero de 1939, tomando posesión el 19 de marzo de dicho año. Empezó su servicio episcopal en el gobierno de Jorge Ubico y durante todo su periodo pastoral hubo de sortear situaciones socio-políticas particularmente turbulentas. Desde un principio trabajó por la instrucción religiosa de los feligreses y por las vocaciones sacerdotales. Organizó la celebración solemne del Segundo Centenario de la erección de la Iglesia de Santiago de Guatemala en metropolitana el año 1943. A finales de dicho año, se celebró el 1er. Congreso Eucarístico Arquidiocesano. Después de la revolución de 1944, y ante la amenaza comunista, se va deteriorando la relación iglesia-estado. En medio de muchos ataques a la Iglesia, Mons. Rosell convoca para 1950 la celebración del Año Santo Eucarístico en todo el país. Después de la solemne consagración del Santuario de Esquipulas (1950), el Arzobispo propone la realización de una peregrinación nacional para 1953, que se llevará a cabo contra el comunismo con la copia de la imagen del Santo Cristo de Esquipulas. En 1959 se realiza el Primer Congreso Eucarístico Centroamericano y en 1961 el Arzobispo logra que el Santuario Nacional de Esquipulas sea elevado a la categoría de Basílica Menor. Poco a poco logra el retorno de las órdenes religiosas a Guatemala y participa en varias sesiones del Concilio Vaticano II. Murió precisamente mientras se realizaban las celebraciones jubilares por sus 25 años de ordenación episcopal, el 10 de diciembre de 1964. Es el único de los Arzobispos de Guatemala que está actualmente sepultado en la Iglesia superior, y no en las criptas de la Catedral.