Dios nuestro,
que enviaste al obispo san Dionisio
y a sus compañeros
a predicar el Evangelio
con su palabra
y a dar testimonio de él con su martirio,
concédenos, por su intercesión,
anteponer a todo miedo y egoísmo
la fidelidad a tus mandamientos.
Por Cristo, nuestro Señor. Amén.
VIDA DEL SANTO:
San Dionisio fue el primer obispo de París, en el siglo III. Evangelizó la provincia romana de la Galia (hoy Francia) por encargo del Papa san Fabián. Murió decapitado hacia el año 285, junto con el presbítero Rústico y el diácono Eleuterio, después de haber sufrido el tormento de las parrillas. Sobre su tumba, en la colina de Montmartre, fue edificada una basílica, junto a la cual el rey Dagoberto fundó en el año 630 una abadía. Su fiesta se celebra el 9 de octubre.
En la Edad Media, se le confundió con san Dionisio el Areopagita, convertido por san Pablo. De este se dice que fue uno de los pocos atenienses que acogieron la predicación de san Pablo y llegó a ser obispo de Corinto. Vivió hasta mediados del siglo II y fue elogiado por san Jerónimo y por Eusebio de Cesarea. El santo que veneramos en cuestión en la Catedral no es, pues, san Dionisio el Areopagita, sino san Dionisio, obispo de París.
ACERCA DE LA IMAGEN:
Esta bellísima talla en madera encarnada y sobredorada representa a san Dionisio, primer obispo de París, en sus atuendos propios. Viste de pontifical: dalmática, casulla ancha, capa y mitra. Ostenta el libro, símbolo de su predicación, y el bordón pastoral, propio de los primeros evangelizadores de un lugar. Nótese el dulce rostro de san Dionisio, encuadrado por su blanca barba. Esta talla vino de la Catedral de Santiago y debe haber sido esculpida en el siglo XVIII; sin embargo, fue encarnada y dorada tanto al conocido pintor y escultor don Pedro Gallardo (1824-1892), como por el gran pintor y dorador, el presbítero Arcadio Escobar.
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