NUESTRA SEÑORA DEL SOCORRO

 

Catedral

 

ORACIÓN:
Santísima Virgen Maria,
que para inspirarme confianza
quisiste llamarte Madre y Señora del Socorro,
te suplico nos socorras en todo tiempo y lugar:
en las tentaciones, caídas, dificultades,
miserias de la vida y sobre todo antes de la muerte.
Concédenos, amorosa Madre,
la gracia de recurrir siempre a ti,
con la confianza de hijos,
ya que tu eres siempre fiel en el auxilio.
Por Cristo Nuestro Señor. Amén.

 

Nuestra Señora del Socorro

 

ACERCA DE LA ADVOCACIÓN:

Desde tiempos remotos, la Iglesia ha implorando en la necesidad, el socorro de Maria Santísima, Medianera de todas las gracias. Dice la antífona: “Santa Maria, socorre a todos los necesitados, ayuda a los angustiados, fortalece a lo débiles, ruega por el pueblo, intercede por el clero… que todos sientan tu socorro”. También San Bernardo en el famoso “Acordaos”: “Acordaos oh piadosísima Virgen María que jamás se oyó decir que ninguno de los que han recurrido a ti pidiendo tu auxilio e implorando tu socorro, haya sido abandonado de Vos”. Siempre que se le invocaba con el titulo del socorro, Maria derramaba tales favores y gracias que su fama se extendió por el mundo entero. La devoción a Nuestra Señora del Socorro pasó de España a América gracias a los primeros evangelizadores. “Su patrocinio se experimenta principalmente en las necesidades de aguas y lluvias, y en apagar los incendios del volcán…” (Fuentes y Guzmán). Se celebra el 2º. Domingo de mayo y su patrocinio el 3er. Domingo de Noviembre.

 

Nuestra Señora del Socorro

 

ACERCA DE LA IMAGEN:

Bellísima talla española en madera de naranjo que representa a la Virgen con el niño en brazos y en actitud de amamantarlo. Sin duda fue esculpida antes del Concilio de Trento, dado que este concilio prohibió la representación de la Santísima Virgen con el pecho desnudo. Algunos la atribuyen a Mosén Johán Morgobejo y la datan a finales del siglo XV. Es un excelente ejemplo de arte renacentista. Actualmente enriquecida con elementos de plata, especialmente la chispa y la peana. Vino a Guatemala con el conquistador, Don Pedro de Alvarado o con uno de sus compañeros, el Capitán Francisco de Garay. Ante ella se celebró la primera misa en Guatemala, el 25 de julio de 1524.

 

 

 

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