Dios nuestro,
que haces resplandecer a tu Iglesia
con la gloria de Jesús resucitado,
aviva en nosotros el espíritu filial,
para que, renovados en cuerpo y alma,
nos entreguemos plenamente a tu servicio.
Por Jesucristo, nuestro Señor. Amén.
“Padre eterno, yo te ofrezco el Cuerpo, la Sangre, el Alma y la Divinidad
de Tu amadísimo Hijo, y Señor nuestro Jesucristo
por nuestros pecados y los del mundo entero.
Por su Dolorosa Pasión, ten misericordia de nosotros y del mundo entero. Amén.”
ACERCA DE LA ADVOCACIÓN:
Jesús resucitó al tercer día. Verdaderamente murió y volvió a la vida por la gracia del Padre. Su resurrección es el motivo de nuestra fe, porque si no hubiera resucitado, vana sería, en expresión de san Pablo. El resucitado se apareció a sus apóstoles en varias oportunidades, mostrándoles las huellas de su pasión. A los 40 días, ascendió al cielo por su propio poder, encomendando a sus apóstoles continuar con su misión. “Y sepan que yo estaré con ustedes todos los días, hasta que termine el mundo” (Mt 20, 28). Jesús se apareció a Santa Faustina Kowalska, religiosa polaca, el 22 de febrero de 1931, en Plock, Polonia, mostrándose resucitado y con dos rayos saliendo de su pecho, uno de color azul y otro de color rojo. Es la imagen de la misericordia divina, que se ha extendido por todo el mundo. El mismo Señor pidió a santa Faustina pintar una imagen según el diseño que le mostró, e impulsar una fiesta dedicada a la Misericordia divina, el domingo después de la Pascua de Resurrección.
ACERCA DE LA IMAGEN:
Esta imagen de Jesús, que originalmente representaba al Sagrado Corazón, es una talla de cuerpo entero, esculpida en el siglo XIX y que muestra al resucitado con las llagas de la pasión, pero con la serenidad y la fuerza de la resurrección. Se encuentra actualmente en la Capilla del Sagrario de la Catedral.
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