Mírame, mi amado y buen Jesús,
postrado en tu presencia,
como ante mi Justo Juez;
te ruego con el mayor fervor y devoción
que imprimas en mi corazón
vivos sentimientos de fe, esperanza y caridad,
verdadero dolor de mis pecados,
y un firme propósito de jamás ofenderte
al considerar todo el dolor y sufrimiento
que padeciste por mi salvación.
Amén.
ACERCA DE LA ADVOCACIÓN:
Dios es justo, y su justicia está llena de amor y misericordia al pecador. Dios obra su justicia al pedir a su único Hijo el sacrifico redentor. Jesús es el justo por excelencia: “tenemos ante el Padre un defensor, que es Jesucristo y él es justo” (1 Jn 2,1). Por eso, Jesucristo, que sufrió la pasión y murió por nosotros, es el Justo Juez. Él puede comprender nuestros sufrimientos. El apóstol Pedro en casa del centurión Cornelio, al hablar de Jesús, dice que es el ungido por el Espíritu santo, que “pasó haciendo el bien y curando a todos los oprimidos por el diablo, porque Dios estaba con él,… a quien llegaron a matar colgándole de un madero; a éste, Dios le resucitó al tercer día y le concedió la gracia de manifestarse… Y nos mandó que predicásemos al pueblo y que diésemos testimonio de que él ha sido constituido por dios juez de vivos y muertos” (Hechos 10, 38-42).
ACERCA DE LAS IMAGENES:
JESÚS NAZARENO, “JUSTO JUEZ”
Esta bellísima escultura de vestir hecha en madera de cedro, representa a Jesús Nazareno en su advocación de Justo Juez. Fue realizada magistralmente por el escultor Narciso Castillo y encarnada por el pintor M. Alberto Guzmán en el año 1909 por encargo de Mons. Juan José Rámila, para realizar los Vía Crucis en la Catedral. Es una de las imágenes más veneradas de esta Iglesia, ya que es de una extraordinaria belleza. Destaca especialmente su rostro, lleno de dulzura, a pesar de los padecimientos que sufrió llevando la cruz. Sus ojos verdes reflejan la compasión de Cristo en el momento del sufrimiento.
JESÚS NAZARENO, “DEL RINCONCITO”
También en la Capilla de Nuestra Señora del Socorro se tiene una bellísima imagen de Jesús Nazareno, que desde tiempo inmemorial se conoció como “del Rinconcito”, ya que originalmente estaba literalmente en un rincón de la Catedral. Es una imagen colonial, seguramente del siglo XVIII, de tamaño natural, hecha para procesionar y que muestra el bellísimo rostro de Jesús, donde se conjugan el dolor y la compasión por los pecadores.
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