No me mueve, mi Dios para quererte,
el cielo que me tienes prometido,
ni me mueve el infierno tan temido
para dejar por eso de ofenderte.
Tú me mueves Señor,
muéveme el verte clavado en esa Cruz y escarnecido,
muéveme el ver tu cuerpo tan herido,
muévenme tus afrentas y tu muerte…
(Del soneto de San Francisco Xavier)>

ACERCA DE LA ADVOCACIÓN:
“Tomaron a Jesús y él, cargando la cruz, se dirigió hacia al sitió llamado la Calavera (qué en hebreo se dice Gólgota), donde lo crucificaron” (Jn 19, 17-18). Jesús murió en la cruz y su muerte hizo brotar un manantial de vida para los hombres. Él es fuente de vida y misericordia para nosotros. Todos los viernes, “los cristianos dirigen su piedad hacia el misterio de Cristo en la cruz. Contemplando al Salvador Crucificado, captan más fácilmente el significado del dolor inmenso e injusto que Jesús, el Santo, el Inocente, Padeció por la salvación del hombre, y comprenden también el valor de su amor solidario y la eficacia de su sacrificio redentor… En la fe cristiana, la Cruz es expresión del triunfo sobre el poder de las tinieblas y por esto se la presenta adornada y convertida en signo de bendición” (Del Directorio sobre la piedad popular y la liturgia 127-128).

ACERCA DE LA IMAGEN:
Esta imagen del Santísimo Cristo de Esquipulas es una réplica exacta, elaborada en bronce, de la imagen de Quirio Cataño que se venera en Basílica de Esquipulas desde 1595, hace más de cuatro siglos. En ella, el cristiano devoto puede contemplar la dulzura y serenidad de Jesús y su aceptación confianza y filial de la voluntad del Padre a la hora de la muerte en la cruz. Fue fundido en 1953 a petición del Mons. Mariano Rossell y Arellano, por el Arq. Julio Urruela y antes de ser traída a esta Catedral, en 1954, peregrinó por todo el país en una cruzada en contra del comunismo.
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