EL SANTÍSIMO CRISTO DE LOS REYES

 

Catedral

 

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ORACIÓN:
Alma de Cristo, santífícame.
Cuerpo de Cristo, sálvame.
Sangre de Cristo, embriágame.
Agua del costado de Cristo, lávame.
Pasión de Cristo, confórtame.
¡Oh buen Jesús!, óyeme.
Dentro de tus llagas, escóndeme.
No permitas que me aparte de Ti.
Del maligno enemigo, defiéndeme.
En la hora de mi muerte, llámame.
Y mándame ir a Ti.
Para que con todos tus santos te alabe.
Por los siglos de los siglos.
Amén.
Catedral

 

ACERCA DE LA ADVOCACIÓN:

“Tomaron a Jesús y él, cargando la cruz, se dirigió hacia el sitio llamado la Calavera (que en hebreo se dice Gólgota), donde lo crucificaron” (Jn 19, 17-18). Jesús murió en la cruz y su muerte hizo brotar un manantial de vida para los hombres. Él es fuente de vida y misericordia para nosotros. Todos los viernes, “los cristianos dirigen su piedad hacia el misterio de Cristo en la cruz. Contemplando al Salvador crucificado, captan más fácilmente el significado del dolor inmenso e injusto que Jesús, el Santo, el Inocente, padeció por la salvación del hombre y comprenden también el valor de su amor solidario y la eficacia de su sacrificio redentor… En la fe cristiana, la Cruz es expresión del triunfo sobre el poder de las tinieblas, y por esto se la presenta adornada y convertida en signo de bendición” (Del Directorio sobre la piedad popular y la liturgia, nos. 127-128).

 

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ACERCA DE LA IMAGEN:

El Santísimo Cristo de los Reyes es una de las imágenes más antiguas y veneradas de esta Catedral. Cuando se empezaron a construir templos en la ciudad de Santiago, en el siglo XVI, se hizo necesario traer imágenes de España, como este Cristo Crucificado que fue donado por el Emperador Carlos V para la Catedral de Santiago. Se le llamó “de los Reyes”, porque estuvo en la Capilla de este nombre en la tercera Catedral en el Valle de Panchoy desde 1680 hasta 1773, año en que los terremotos de Santa Marta la destruyeron. Presenta grandes similitudes con los crucifijos españoles del siglo XV. Al respecto del Cristo, Francisco Antonio de Fuentes y Guzmán (cerca de 1675) dice: "En ella (se refiere a la Catedral), pues, como en el centro a donde van a parar las líneas que tira lo devoto, lo pío, lo reverente y atento, tiene lugar, entre otras admirables y devotas imágenes, la que lo es muy al vivo de Cristo Nuestro Señor en la Cruz, a quien el devoto afecto cristiano y la aclamación católica reconoce, venera, obsequia y rinde fieles cultos debajo del título del Santo Cristo de la Catedral. Su estatura del tamaño del natural, que viva y lastimosamente imita en los naturales movimientos y afectos que corresponden al tormento de su crucifixión dolorosa, la manifestación de atormentado lo manifiesta y representa, aun en el color pavorosamente vario de su sacrosanta efigie, ya funesta y melancólicamente negro, y ya descolorida exangüemente blanco, como las más veces confusamente moreteado y rojo. Tiene inclinada, al último extremo de su preciosa vida, su divina, santa y superior cabeza; los ojos desencajados y con demostración extremada abiertos; y la majestad de la boca, original extremo de los corales, también como acezando árida y totalmente abierta, que una y otra significativa dolorosa demostración conmueve y fervoriza los ánimos a más ternura, a más edificación y a más devotos cultos. Es antiquísima la talla artificial de su peregrina soberana efigie, pues no hay quien asegure cuál fue el esmerado diestro artífice de su acertada escultura, o cuál la parte de donde fue traída a Goathemala... Ocupa hoy esta divina y devotísima imagen de Cristo Señor Nuestro el principal lugar del retablo de la capilla de los Santos Reyes de España nuestros señores, a la cabecera de la Real Basílica que mira como antes a la parte oriental." Lo acompañan dos hermosas tallas antigüeñas del siglo XVII que representan a la Virgen Dolorosa y San Juan. Originalmente también lo acompañaba una imagen de Santa María Magdalena, la cual se encuentra perdida.

 

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